¡Jóvenes mentes en ebullición! ¡Atención, que esto no es un experimento fallido de química orgánica!
Hoy vengo a hablarles de algo más volátil que el sodio en agua, más importante que la fórmula de la fotosíntesis y más estratégico que una partida de ajedrez en tres dimensiones: las elecciones del gobierno escolar, que se llevarán a cabo el día 26 de febrero.
Miren a su izquierda. Miren a su derecha. No, no es una prueba de percepción visual. Esa persona que ven, con mochila, con sueño o con la lonchera a medio terminar, es su comunidad. Y una comunidad que no se organiza, queridos estudiantes, es como un barco sin timón, o peor aún, ¡como un telescopio sin lentes!
Ser representante no es tener un cartel bonito, ni repartir dulces en la puerta. ¡No, no y no! Ser representante es poner la cara. Es llevar la voz de los que a veces solo susurran. Es decir: "Oiga, profe, ¿por qué no mejoramos esto?" o "Señor coordinador, los estudiantes también tenemos ideas brillantes".
Ustedes tienen el poder de transformar este colegio en un ecosistema perfectamente equilibrado. ¿Cansancio en la jornada? ¡Propónganlo! ¿Ideas para la biblioteca? ¡Exíjanlo! ¿Un espacio más amigable en el descanso? ¡Conviértanlo en realidad!
Pero ojo, no confundan participación con ruido. Esto no es un grito en el patio. Es un debate, es propuesta, es escuchar al otro aunque piense distinto. Eso, mis queridos renacuajos académicos, se llama ciudadanía.
Así que los invito a dar el paso. Anímense a ser candidatos, a formar equipos, a soñar con un curso mejor. El curso no lo hace solo el profesor o el cuaderno; lo hacen ustedes, con sus ideas y su energía.
Anímense a votar, pero, sobre todo, anímense a participar.
Porque un estudiante que participa, queridos jóvenes, no solo aprueba el año en democracia. ¡Se gradúa de la vida!
Dicho esto, retorno a mi laboratorio. Hay unos experimentos con papas que no van a esperarse.

Comentarios
Publicar un comentario